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UN TURISTA PROFESIONAL.
Ultimo jueves de octubre en Puerto Madryn.
Unos minutos antes de las 14:00 el reporte meteorológico indica una temperatura de 27° C en
ascenso. Con el cielo, el mar y las bardas como "paneles" del estudio, Juan Alberto Badía va
llegando al fin de una de las últimas emisiones diarias de este ciclo, hoy en una mesa al aire
libre con piedras como apoyapapeles.
Enciende el único cigarrillo que se le verá fumar en algo más de cuarenta y cinco minutos de
entrevista y saluda a los corresponsales de FM Madryn distribuidos por la ciudad.
Un mundo agradable, el tema de Serú Girán, cierra el programa y está listo para charlar con Séptimo Día
sobre su experiencia en esta ciudad.
--Me llevo parte de lo que venía a buscar y que fue tomar contacto con aire nuevo, cerca de la
naturaleza, recordar lo vivido diez años atrás y volver a algunos lugares donde ya había estado...
Pero me llevo mucho más de lo que no venía a buscar, que no sabía que encontraría y que, a esta
altura, es lo que más me ha sorprendido. Me llevo mucha relación con la gente y me llevo un "olorcito"
de cómo es la gente de la comunidad de Madryn.
--¨Qué percibiste?
--Percibí que este es un lugar que se elige para vivir. Que aquello que yo viví hace diez años,
aquello de los nyc y los no nyc (N de la R: nacidos y criados) se fue diluyendo. Ahora me siento
en un lugar que tiene pertenencia; la gente no está aquí de paso y entonces se compromete mucho.
Muchos estamentos de esta sociedad se acercar a este ciclo mío acá y me manifestaron las cosas
que hacen. Se tiene muy en cuenta al prójimo, no se vive únicamente del espejismo de aquellos a
los que les va bien, sino que es una sociedad comprometida con quienes tienen menos.
Por supuesto que cada comunidad sabe contarse sus costillas y lo que estoy diciendo por ahí se
contradice con alguna actitud mezquina que debe haber. Pero la impresión que yo me llevo de un
mes es ésta: la de una sociedad comprometida con el lugar donde vive y consciente de que hay un
prójimo que a veces necesita del que más puede.
Surcando el viento del noroeste con su tono cadencioso y como si -en el sentido más armónico de
la expresión- articulara las palabras al ritmo de un metrónomo, Juan Alberto Badía va inventariando
el equipaje de impresiones con el que mañana partirá hacia Buenos Aires, ese sitio del que llegó al
Golfo Nuevo para conducir el programa que le propuso su amigo local Luis Alcides Calderón en la
FM Madryn.
Más adelante admitirá que encontró aquí una "perfecta combinación de trabajo y placer", pero
ahora habla de la percepción que tenía de este lugar cuando estaba en la metrópolis.
"Es la que se tiene de la Patagonia en general: hay que poblarla, es un sacrificio vivir, las
comunidades del frío viven muy para adentro, son poco comunicativas y... nada más lejos de esta
experiencia!", apunta durante un paseo por la rambla que sirve inicialmente para cumplir con la
sesión de fotos y que luego ir revelando a un Badía real y concreto tan genuino y creíble como
la imagen proyectada desde los grandes estudios y producciones.
"Está bien que vine en octubre y apenas estos últimos días de viento me hacen sentir que estoy
en la Patagonia", agrega antes de confiar que se encontró con una comunidad "muy para afuera, de
sábados y domingos muy nocturnos, mucha vida y muchos intereses culturales".
Trayéndolo desde algún intersticio inubicable en el aire, el tibio viento arremolina un sonido
que resulta familiar en la ciudad pero que ahora se vuelve extraño en el paisaje donde se
desarrolla la charla. La temperatura en la playa sigue aumentando y unos niños ya disfrutan en
el agua mientras algunas jóvenes recuestan sus cuerpos en la arena para dejarse bañar por el sol.
El tiempo queda suspendido y, tras unos segundos, el característico llamado de un celular se inmiscuye
en la escena; lejano, pero imperioso.
El hombre, conocido por millones de personas en todo el país a través de la pantalla y de la
radio, pide disculpas por la interrupción (todo un detalle) y se presta a enterarse qué pasa en
el otro extremo de su minúsculo teléfono portable, indicio de un entramado de relaciones del que
es referencia ineludible.
"Un día típico mío en Buenos Aires es de plena actividad en mi trabajo", responde casi
instintivamente cuando se le pide una comparación de los días que ha vivido aquí con su rutina
de trabajo en la gran urbe.
"No hago prácticamente otra cosa más que estar yendo de un lado a otro con mi trabajo. Vivo
mucho las producciones de mis programas, estoy casi con anteojeras para cada uno de los
productos. El año pasado, por ejemplo, estaba haciendo televisión en cable, televisión en aire y
radio todos los días ...", recuerda.
Se diría que ha sido remontado por la variante ráfaga que sacude ahora a los tamariscos en una
nueva dirección. Mientras el relato de las secuencias diarias que vive en la gran ciudad vuela
rasante sobre su memoria, la narración parece cobrar enseguida la energía de un motor que
comienza a acelerarse de manera sostenida; sin afectar la estabilidad del vehículo, pero
transmitiendo una sensación de vértigo inminente.
Responde el saludo que le brindan unas manos desde las ventanillas de un auto y sigue: "Estoy
obligado, pero muy obligado a plantear algunos días para dedicarlos a mis amigos o para salir
con mi mujer. Es muy estrecho todo aquello", dice y su respiración denota la dificultad de quien
emerge a la superficie luego de haber estado varios minutos bajo el agua. Inspira profundamente
y mira a su alrededor. "Es una perfecta combinación de trabajo y placer", dice finalmente cuando
la breve abducción lo devuelve a la costanera, en cercanías de unas palmeras y con el estudio de
transmisión en un costado y la inmensidad oceánica en el otro mientras una pincelada del verano
se deja ver en la playa.
-Debo reconocer que aquí he tenido mucha demanda de afecto y mucha actividad social, mucho más
de la que llevo en Buenos Aires. He tenido dos comidas al día, algo que jamás hago allá (a veces
ni siquiera hago una). Eso se puede notar en mi panza, pero también se nota en mi cabeza, que
está muy liberada de estress o presiones. Este año estoy cumpliendo con lo que me prometí: no
dejar de hacer lo mío, pero tener una mejor combinación con una calidad de vida mejor y esto lo
pude lograr aquí, de donde me cuesta irme.
Mientras cuenta que tuvo también una sensación similar en Bariloche, donde estuvo antes de venir
a Madryn realizando un trabajo similar, el pequeño Motorola se vuelve a hacer oír.
Esta vez resuelve el tema de manera más expeditiva; ya sabemos de qué se trata. Deriva afablemente
la inquietud a quien corresponde. Es hora del almuerzo y ni el lugar ni la tarde están para
desaprovechar.
Innovador como se ha mostrado en distintos momentos actuando en radio y televisión, sería un
descuido no intentar saber si está trabajando sobre algún proyecto en relación a Internet.
"Este es un formato interesante en muchos niveles y alienante en tantos otros. Lo mismo pasó
cuando surgió la televisi¢n o el teléfono celular. Son elementos a ser usados pero que hay que
aprender a adaptarlos a la vida que cada uno quiere porque sino se pueden tornar nocivos.
Mi proyecto está vinculado a esto, nació este año y me motiva. No sé todavía cómo sigue porque
no he tenido todavía tiempo para desarrollarlo", señala. Sin embargo anticipa que su proyecto
está relacionado con las comunidades turísticas y su intercomunicación.
"Creo que tenemos que capacitarnos cada día más en esto de las comunicaciones turísticas.
Este año estuve un mes en Italia y otro mes en España. Ellos tienen en claro esto: cuentan el
cuento que está detrás de cada cosa que vos visitás. Acá nos falta un poco eso, contar el cuento.
No mentir, contar la verdad, pero contarlo.
-¨Cuál sería el cuento que te llevás de Madryn?>br>
-El cuento de las ballenas no lo haría, diría simplemente que vengan a una experiencia
conmovedora y sobre ello no podría agregar una palabra. Hablaría sobre el circuito turístico que
hay aquí y lo regionalizaría. Incluiría el circuito de los lagos y las montañas. El de la
Patagonia es un circuito único, desde la montaña al mar, pasando por Sierra Grande y Las Grutas.
Después inmediatamente me volcaría a hablar de la gente: diría que si alguno se siente apretado
y que si tiene fuerza y ganas de armar una nueva vida, éste es un lugar posible para él y que es
mentira que hay discriminación a los que llegan. Esta es una comunidad ya acostumbrada a recibir
gente y se va adaptando a ese extranjero argentino que a veces conoce tan poco de estos lugares,
pero viene una vez y es para siempre. Eso diría a quien está apretado en ciudades como la mía y
diría a quien me escuche que me crea y que venga a comprobarlo.
Inevitable hacer referencia a la reciente visita de Yoko Ono y la cobertura que Badía hizo desde
el estudio móvil madrynense (con un corresponsal). Al proponer el tema Beatles, la respuesta es
simple y lógica.
-Me unen con la adolescencia, es como un espiral hacia atrás. Ahora, pasados los cincuenta,
siguen formando parte de mí. Es algo que está metido adentro de mí, quizás ya no con aquella
cosa compulsiva de comprar todo lo que saliese, de estar detrás de los coleccionistas, pero
sigue estando el afecto, el amor, la hermosa sensación de que me pertenece, que hay una parte de
mi vida y una parte de esa vida tiene música y la música es de Los Beatles.
-¨Se puede saber qué tenés pensado hacer el 31 de diciembre del 99?
-Abrazar a mi viejo -que cumple años ese día- y a mi vieja. Agradecer que estén vivos.
Salir de la cama con el pie derecho, porque yo siempre me acuesto un minuto antes de la
medianoche y me levanto un minuto después habiendo pedido alguna cosa y habiendo agradecido
alguna otra. Y, seguramente, entrar en la eterna discusión de si empecé el siglo 21 o tengo que
vivir un año más para empezarlo.
Carlos Turdera
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