Trelew.com.ar 
La Web de la Ciudad de Trelew
  
Servycom s.r.l. 
Suplemento Semanal. 

Es hora de Camarones, bahía de asombros

camarones
Una generosa geografía de asombros a sólo 320 kilómetros de Trelew.
Playas límpidas y aguas cristalinas conforman el marco en el que se recorta una riquísima reserva faunística.
En el pueblo, el recorrido ofrece una visita a la historia a través de la que fuera casa del general Juan Domingo Perón.
Todo para descubrir.



Dotada de una riqueza natural privilegiada y cuidada con celo por sus pobladores, a 320 kilómetros de las ciudades de Trelew y Comodoro Rivadavia la villa de Camarones, situada en la bahía homónima, se ofrece generosa a ser descubierta.

molino Llegar a ella es tan sencillo como enamorarse de sus lomas, de sus aguas profundamente azules, del calor de su gente o de los amigables seres que habitan sus costas e islotes. Basta con tomar la Ruta Nacional Nº 3, hacia el sur partiendo de Trelew o hacia el norte si el viaje comienza en Comodoro Rivadavia y recorrer los 250 kilómetros que separan a éstas ciudades de la estación de servicio "El Cruce". Allí se debe empalmar la Ruta Provincial Nº 30, actualmente pavimentada, para cubrir los 70 kilómetros que conducen al visitante hasta la asombrosa majestuosidad del océano Atlántico.

Este último tramo es un prólogo de lo que se puede descubrir al llegar, ya que, a diferencia de otros accesos, resulta imposible encontrar a la vera de la ruta siquiera una muestra de basura o desperdicios. Por el contrario, cada 500 metros, la municipalidad local dispuso tambores destinados a los residuos, acción que refuerza con recorridas permanentes de cuadrillas de limpieza.

Al ingresar a la localidad de Camarones comienzan el asombro y los descubrimientos. El primer contacto con la fauna lugareña se da, generalmente, en el puerto, donde las gaviotas y los lobos marinos aguardan el arribo de los pescadores, para reclamar el alimento que generosamente éstos les arrojan.

Hacia el norte, a sólo unos metros del muelle, una pequeña playa con forma de medialuna, inimaginablemente limpia y dotada de sombrillas de totora, alberga a los amantes del sol y las aguas tranquilas que habitualmente se acercan para contrarrestar el calor veraniego.

Un poco más allá, en la misma dirección, se yergue el Torreón de los Españoles, denominado "El Monumento" por los lugareños. Se trata precisamente de eso, de un monumento en homenaje a los españoles, que comandados por Simón de Alcazaba y Sotomayor arribaron en 1535 a Caleta Horno para fundar la primera provincia argentina, la provincia de Nueva León.

A partir de allí, y tomando como referencia los datos y folletos que ofrecen los alumnos de cuarto y quinto año de la Escuela de Nivel Medio 721, responsables del parador de información turística, se abren todas las alternativas imaginables para disfrutar de la estadía en el lugar.

La oferta contiene desde una recorrida por el pueblo, donde se puede conocer el predio en que se encontraba la casa del general Juan Domingo Perón, que a corto plazo será reconstruida, viviendas que datan de los primeros albores del siglo, algunas de las cuales serán reacondicionadas como monumentos históricos, hasta la posibilidad de degustar un exquisito salmón, gran variedad de mariscos o bien un asado de cordero, sabiamente preparados.

Pero sin dudas es la naturaleza la que ofrece una gama mucho más amplia de posibilidades, ya que a lo largo de las costas o internándose en las límpidas aguas de la bahía para llegar a las Islas Blancas, el visitante encontrará, además de paisajes irrepetibles, una riqueza faunística e histórica sin parangón.

molino Las Islas Blancas, un grupo de tres islotes a los que se accede en poco más de veinte minutos en gomón, albergan gran cantidad de lobos marinos de dos pelos, cormoranes, petreles, gaviotas, gaviotines y pingüinos. Muchas de estas aves anidan y se procrean en el lugar, por lo que el avistaje de realiza desde la embarcación, detalle éste que es cuidado con celo por quienes trasladan a los visitantes. Junto a uno de los islotes se encuentra sumergido el Villarino, embarcación que trasladó los restos del general José de San Martín desde Francia a nuestro país y que naufragó al chocar contra los escollos.

El Cabo Dos Bahías, situado a unos 25 kilómetros al sur de Camarones, es considerado un zoológico natural, dado que allí convergen prácticamente todas las especies patagónicas y conviven en estado natural bajo el cuidado de un guardafaunas. Pinguinos, guanacos, maras, zorros, martinetas, avestruces, liebres patagónicas entre otras, atraen la atención de turistas y estudiosos.

Es posible conocer en esta recorrida el lugar exacto en que desembarcaron los primeros pobladores españoles en febrero de 1535: la caleta Horno, conocida anteriormente como Puerto Lobos o Arrecife de Los Leones; un cementerio de ballenas ubicado a unos 60 kilómetros al sur de la villa, donde yacen los enormes esqueletos de cerca de 60 cetáceos que encallaron en 1994, y la Bahía Bustamante, sitio en el que se recolectan y secan algas, en el cual fueron fueron encontrados, en distintas oportunidades, dos calamares gigantes sobre la playa.

A estas alternativas, que por cierto no son pocas, se suman la calidez y humildad de los pobladores, siempre dispuestos a brindar la mejor atención a los visitantes, la llamativa limpieza del pueblo y sus playas, el respeto absoluto por la fauna, y la posibilidad de practicar la pesca de costa o de altura para obtener los espectaculares salmones que son un sello distintivo de la bahía Camarones.




El exquisito ballet de las aves
molino A unos 3.500 metros del puerto de Camarones se yerguen solitarias y majestuosas las islas Blancas. Tres islotes prácticamente vírgenes y densamente poblados por aves marinas y lobos de dos pelos que pueden observarse únicamente desde una embarcación porque el desembarco en ellas está vedado.

El acceso a este verdadero santuario natural es posible mediante la utilización de un gomón con motor fuera de borda hábilmente conducido por Daniel Harris, un joven respetuoso y amable que conoce el mar y sus secretos, y que por la suma de 25 pesos por persona abre las puertas del asombro ante los ojos del visitante, en un viaje que dura algo más de veinte minutos y que se extiende por cerca de dos horas en torno a las islas.

La aventura comienza ni bien zarpa la pequeña embarcación de la playa que linda con el puerto, con un breve acompañamiento de los lobos que permanecen en las inmediaciones esperando por los pescadores.

Internándose un poco más en la azules aguas de la bahía, las toninas, atraídas por el sonido del motor, toman la posta en el cortejo y a gran velocidad escoltan a los viajeros hasta las proximidades de la primera de las islas. Muy cerca de la embarcación emergen y se zambullen como si se tratase de una coreografía orquestada por la naturaleza para resaltar más aún, si se puede, su belleza.

molino Las islas Blancas son tres formaciones rocosas de considerable envergadura, cuya denominación surge del color que les dá el excremento de las aves marinas que las cubre. Allí conviven pingüinos, petreles, cormoranes, gaviotas, gaviotines y una gran colonia de lobos marinos.

El avistaje, consiste en circunvalar cada una de las islas con una aproximación de hasta cincuenta metros, ya que además de molestar a las especies las embarcaciones corren el riesgo de ser llevadas por las olas contra las rocas, con las consecuencias que ello implicaría. Harris, que conoce el lugar y las costumbres de las especies, responde con amabilidad a cada una de las preguntas que espontáneamente surgen ante el inolvidable espectáculo. El paseo, además de ofrecer la posibilidad de observar a los cormoranes junto a sus pichones, en los nidos construidos en las salientes de los acantilados, permite navegar sobre los restos del Villarino, embarcación que naufragó al estrellarse contra los escollos el 17 de marzo de 1889 y que forma parte de la historia de nuestro país, por haber sido la nave que trasladó desde Francia los restos del general José de San Martín. Al regreso a la costa, el acompañamiento de las toninas se repite como un ritual, aunque con un show adicional ofrecido por los lobos. Si la embarcación se detiene antes de llegar al punto de partida, éstos amigablemente se acercan y deleitan a los visitantes con un ballet acuático digno del mejor de los teatros, mientras que, gruñidos mediante, reclaman la recompensa de algún pescado. Esta recorrida ofrece dos variantes: el avistaje convencional, que además permite espectaculares tomas fotográficas y filmaciones, o bien la práctica de la pesca, para lo cual los viajeros deben embarcarse munidos del equipo correspondiente y escuchar los consejos de Harris, cuya experiencia es una garantía de éxito en la captura.
 
                                                                                     Por Jorge Mura, Fotos Marcelo Rodríguez

 

Edición: Carlos Turdera - Luis Monje. 
Producción integral: Jornada - Luis Monje 
Colaboraciones, críticas y/o sugerencias pueden remitirse a: 
Vía Postal: Yrigoyen 583, (9100) Trelew, Chubut / Fax: 0965.37409 
E-mail: jornada@cpsarg.com 
(hasta los días miércoles a las 18 hs.) 

Inicio Inicio proximo 
escríbanos