La Web de la Ciudad de Trelew |
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Suplemento - 18/10/1998. |
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Es la madre más longeva del Chubut. Con sus 111 años de vida, siete hijos, 58 nietos y 80 bisnietos, doña Hermenegilda Peña,
en el Día de la Madre, rememora retazos de su larga historia y medita sobre la fugacidad de la
vida y de la muerte.
La anciana dibuja luego un deseo, que en sí mismo es una forma de tensión hacia el futuro: "para
el Día de la Madre quiero que me regalen un vestido violeta, voy a pasar el día con algunos de
mis nietos y bisnietos".A pesar de tanta historia personal recorrida, desde los finales del siglo pasado hasta las puertas del 2000, esta "supermadre" nos comenta que tiene "muchas ganas de vivir". Exhibe luego un acendrado espíritu religioso: "todos los domingos le pido a Dios que me conserve la salud cuando concurro a las misas de la capilla del Sagrado Corazón de Jesus de mi barrio, Tiro Federal". Mientras la escuchamos desgranar sus pasados, le acariciamos sus huesudas manos apergaminadas. Son suaves y cálidas, como lo es todo ella. Nos cuenta retazos de su vida en Arroyo Verde, lugar en el que naciera y luego evoca sus días junto a su esposo. |
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Habla de Ansonsino Hueicha, evoca aquella lejana época en que junto a él, se sentian dueños de los infinitos espacios de la meseta en su amado Gan Gan. "Trabajábamos en el campo, criábamos ovejas, andábamos a caballo y en los atardeceres, ya junto al fuego mateabamos y el me contaba sus cosas, mientras yo preparaba la comida, todo era muy simple, pero muy hermoso", rememora. Para esta abuela de mas 100 años, testigo de una época en la que la que el viento y el silencio imperaban en estas tierras, los vertiginosos cambios de este final de siglo, le resultan asombrosos, pero también incomprensibles. Comparando el paraíso perdido de su infancia y adolescencia con este presente, advierte que "antes había más respeto de los hijos a sus padres, cosa que ahora no se ve y eso no me gusta para nada".
Pero a pesar de estas observaciones imbricadas en el atavismo manriqueano de que todo tiempo
pasado fue mejor, doña Hermenegilda se muestra agradecida a la vida que le tocó en suerte.Se siente contenida, cuidada y mimada por sus hijos y su vasta prole de nietos en diferentes generaciones. Será por eso quizás que soporta con serenidad los achaques propios de su larga longevidad que la coloca en un umbral en el que todo se ve diferente. No le tiene miedo a la muerte. Nos confiesa que "a mi edad sería absurdo que sintiera eso, soy muy creyente y se que lo que viene después es mucho mas hermoso que esto, a pesar de que vivo cada día con alegría y agradecimiento, como lo deberia vivir toda la gente...". Con palabras sencillas y claras, doña Hermenegilda nos da una cátedra. Pero no se trata del saber que se adquiere de los libros, sino aquella sabiduría que es fruto de su larga experiencia de vida de la que ha asumilado sus enseñanzas. Y es que esta diminuta anciana, que quiere peinarse sola y rechaza tiernamente la ayuda que le ofrece su nieta Jackeline, seguramente ha conocido en su largo peregrinaje terreno la alegría y la tristeza, la salud y la enfermedad, la prosperidad y la pobreza, en simetría con la promesa que alguna vez le hiciera a Asonsino Hueicha, al pie de un altar... Este Día de la Madre, doña Hermenegilda será el centro de la fiesta familiar. Comerá con apetito, como lo hace todos los días, luego dormirá su siesta y por la tarde se aferrará al mate, remedando el viejo rito de sus afectos idos, muchos de ellos perdidos en las brumosidades de su memoria... |
| Edición: Carlos Turdera - Luis Monje.
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