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El restaurado y reciclado Viejo Molino es emblemático: rescata un pasado en el que Trelew y el
Valle Inferior eran una caldera de sueños de futuro.En ese lugar se elaboraban harina y otros subproductos que se exportaban y llegaron a ser distinguidos. Aquel progreso incesante quedó trunco en 1945, cuando en Buenos Aires "se olvidaron" de incluir a los granos de aquí entre los cereales subsidiados por el Estado. Al parecer este sur, no era argentino... Adolfo Joaquín y José Insúa, con el asesoramiento profesional de los arquitectos Edgardo Cúneo y Silvana Palestrino, son "los padres" de este Viejo Molino totalmente restaurado y reciclado que luce espléndido en la calle Gales 250 de Trelew.
Su estructura actual respetó el antiguo y derruido andamiaje de lo que era un centro de
producción ubicado a fines del siglo pasado "del otro lado de las vías" del ferrocarril que
fuera nervio y alma de un pueblo en crecimiento.Joaquín explica que el emprendimiento se nutrió de un aporte exclusivamente privado. "Estuvimos movilizados por el deseo de recuperar parte de la memoria colectiva que nuestra sociedad debe preservar", define. ![]() Por su parte, Insúa destaca que "en este afán por salvar parte de nuestras raíces como pueblo, concentramos nuestro interés en un edificio que fue la imagen de una región patagónica que produjo granos que alimentaron no sólo a su comunidad sino que tuvieron el orgullo de haber sido exportados y premiados internacionalmente por la excelencia de su calidad, a pesar de la adversidad climática, la precariedad tecnológica y su lejanía territorial". Agrega que "ello refleja el espíritu que animó a nuestros antepasados, su tesón, su trabajo, valores que debemos preservar y enaltecer porque pertenecen a la historia de nuestra comunidad y permiten -a partir de la recuperación y puesta en valor de su patrimonio arquitectónico- poder transmitirlos a nuestras generaciones presentes y futuras".
"Imaginamos tener un espacio en donde pudiéramos describir el aporte del esfuerzo colectivo de
hombres y mujeres de diversas colectividades arribados a nuestro Valle desde el siglo pasado; un
lugar que resuma y muestre el trabajo realizado por aquellos que contribuyeron al desarrollo y
crecimiento de nuestra comunidad, enmarcado por un ambiente destinado al esparcimiento
colectivo", advierte Joaquín.
"Con el Viejo Molino -agrega- hemos querido incorporar a nuestra oferta turística un sitio que introduzca a nuestros visitantes en la historia del Valle Inferior, un lugar dinámico que nos permita mostrar nuestra cultura y la riqueza de nuestra querida región patagónica", revela finalmen te. El objetivo se ha cumplido holgada mente y las pruebas están a la vista. LOS FRUTOS DEL PAIS
La consolidación de la colonia galesa -luego de 20 años de arraigo (1865-85) y el auge consiguiente de la producción de trigo que se prolongará hasta la Primera Guerra Mundial- llevaron a la necesidad de contar con un ferrocarril que vinculara el Valle con la Bahía Nueva (Puerto Madryn) para exportar la producción local y "los frutos del país" -como se llamaba genéricamente entonces a las producciones de lanas, cueros, plumas y cerdas, provenientes del interior- y para importar los productos industriales necesarios, desde textiles a implementos, maquinaria agrícola y materiales de construcción.
La sociedad Central Railway of Chubut Co. Limited, de capitales ingleses y con sede en Londres, obtuvo la concesión para construir la línea, la que inició en 1886 y habilitó en 1887.
Trelew nació así como "punta de rieles" en el centro del Valle y la compañía ferrocarrilera
diseñó el pueblo, vendió los lotes y localizó en proximidad de la estación terminal las
actividades comerciales y otras vinculadas a la producción.
Fue de esta manera en que, además de las barracas de frutos del país y las grandes casas de importación y exportación, se instaló en 1886 el Molino Harinero de John Coslett Thomas para elaborar harina y subproductos con el trigo que se cosechaba en el valle, con destino al mercado local, al interior del territorio y a la exportación. El lugar elegido fue "al otro lado de las vías", fuera de la traza urbana, en el faldeo de la loma con fuerte pendiente. Las características de diseño y construcción fueron las usuales entonces en el medio.
Aquel Molino, hoy bellamente reciclado, tenía una planta rectangular de 12 metros de frente por
ocho de fondo con una altura total hasta la cumbrera de 10 metros y constaba de dos niveles sin
compartimentar: planta baja y entrepiso, vinculados por una escalera.
Este molino estuvo en funcionamiento con intermitencias cada vez mayores hasta mediados de los años 40, en que cerró definitivamente como todos los similares instalados en la Colonia Chubut, al no poder competir con Molinos Río de la Plata. La maquinaria se desmontó y dispersó y el edificio fue utilizado como depósito de una compañía de transporte de cargas hasta 1975. A partir de allí permaneció cerrado y por la gravedad de su deterioro, hubiera sido irremediablemente condenado a la demolición y el derrumbe, de no haber mediado la intervención de Adolfo Joaquín y José Insúa, dos empresarios jugados por la preservación de nuestro patrimonio histórico y de nuestro pasado. Alberto Hall |
| Edición: Carlos Turdera - Luis Monje.
Producción integral: Jornada - Luis Monje Colaboraciones, críticas y/o sugerencias pueden remitirse a: Vía Postal: Yrigoyen 583, (9100) Trelew, Chubut / Fax: 0965.37409 E-mail: jornada@cpsarg.com (hasta los días miércoles a las 18 hs.) |
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